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miércoles, 29 de febrero de 2012

Húmeda felicidad - cuando la felicidad se entromete entre las piernas.

Tu nombre me recuerda a brisa.

Me dispongo a olvidarte y sin embargo

quiero estar siempre donde la brisa me eleve del piso.


(No es Metafísica.

Es Amor.)


Luz verde. Sonido de lluvia.


Pienso en salir a mojarme - gotas en mis hombros,

pero me detiene ese hilo de brisa – colado por entre el oxígeno de escombros.


Y para qué si rebalso al pensarte

Y naufraga mi centro, de imaginarte.


Mejor me cierro me encierro me entierro bajo cuatro frazadas

No vaya a ser que me vea atrapada tapada raptada en un torbellino de la más perniciosa


húmeda felicidad.

jueves, 16 de febrero de 2012

sábado, 4 de febrero de 2012

Del desamor en el sub-ultimo túnel.

Ella, flor-vampiro del cielo.
En una época se las amaba más, se hablaba más de las flores. Hoy se piden plantas auto suficientes, nadie les dice: tomá, querida, agua.


Recuerdo cuando tu mano-pétalo tocó la mía, yo en forma de hoja. Me viste temblar ante una brisa fugaz, casi me quiebro pero me quisiste viva, por lo que germiné nuevamente y volví a ser.

Así fue como pasé a acostumbrarme a tus deseos, declives pendientes entre suavidad y aspereza.

Una tarde de letargo y sucumbiste a tu impulso: la campana tintinó pero retumbó en mis oídos, quisiste callar el grito que desesperaba por esperar, me manchaste de rojo.

Miré hacia el piso y vi el elixir. Era parte de mi propio cuerpo y no savia, sino saliva. En tus manos me había vuelto mujer-especie, flora florecida en quietud. Atormentaste a los pájaros alrededor, mutilaste un entierro macabro que sin embargo, rebalsaba de flores. Eran lo que restaba de mis células, partículas microscópicas que ofrecías a la Tierra. Me comían poco a poco las pequeñas vidas que merodeaban en túneles subterráneos. Adobe u ofrenda divina, jamás sabré si me espera una nueva vida del otro lado. Por hora, tiendo a la Infinitud.


Me volverías a matar de escuchar mis gemidos sobre el desamor compartido. Tus venas hincharían por el rojo-cliché saltando de mis palabras. No lo digas, no me digas nada, flor-vampiro. Suficiente con la oscuridad marrón que me rodea, el olor a mojado, mis amigas las hormigas. Aún no decido si aquí vivo mejor que a tu lado. Pero me aferro a lo seguro: aquí, no podré caer más bajo.